La reflexión de la semana

 

En una ocasión en un viaje de misiones, en el que había una niña que iba a ser adoptada y estaba junto con muchos otros niños jugando y hablando su dialecto.
Dijeron —a ver si la puedes encontrar, es única e irrepetible. No parece diferente a los demás. Escuché que come el mismo arroz con frijoles, juega en el mismo campo lleno de tierra, duerme bajo el techo de lámina como las demás niñas y oye el mismo golpeteo de la lluvia tropical todas las noches.

No obstante, aunque parece igual a todas, las apariencias engañan. Ella vive en un mundo diferente. un mundo llamado “Mi Futuro Hogar”

¿Ves a la niña flaca que esta vestida con una playera rosa? La niña tiene la nariz larga y el pelo enredado y tiene en sus manos unas fotos. Pídele que te deje verlas, ella te las dejará ver aunque no se las pidas. Las fotografías muestran imágenes de su futura familia y hogar. ¡Ella ha sido adoptada!

Sus padres adoptivos son amigos míos, ellos le llevaron esas fotos, un oso de peluche, dulces y galletas. Ella compartió con los otros niños de los dulces y galletas y le pidió a su maestra que le guardara su oso, pero siempre llevaba las fotografías. Así recuerda su futuro hogar, en un mes, a más tardar o dos, llegará el día que estará allí, ella sabe que el día llegará. Cada vez que se abre la puerta le salta el corazón, cualquiera de estos días su Padre entrará por esa Puerta, él prometió que volvería por ella, vino la primera vez para adoptarla y volverá para llevarla a su nuevo hogar.

Hasta ese momento viviría, día a día, con el corazón orientado al Hogar.

¿No deberíamos nosotros vivir así? La situación de ella es también un reflejo de la nuestra. Nuestro Padre también vino a visitarnos, ¿acaso no hemos sido reclamados por él?, ¿Adoptados también? Dios te buscó antes de que supieras que necesitabas ser adoptado(a), él ya había llenado los documentos y decorado tu habitación.

¡Él viene pronto, para llevarte a tu nuevo Hogar!

Apocalipsis 21:3-4 (NTV) “Oí una voz que salía del trono y decía: «¡Miren. el hogar de Dios ahora está entre su pueblo ¡Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo: ¡Dios mismo estará con ellos! Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas las cosas ya no existirán más”.

Nota. Donde dice niña (o) ¡pon tu nombre!

A. H. V.

Puente de Dios a las Naciones, PANAMÁ. 

 

Por desgracia todos estamos expuestos a transitar por el peligroso camino del prejuicio. Dominados por aquello que perciben los sentidos creamos en la mente, casi de forma inmediata, un cuadro completo; pero sin fundamento, de lo que está frente a nosotros.

Juzgamos anticipadamente situaciones o personas (incluyendo sus motivaciones) influenciados en gran medida por conceptos individuales que son empujados poderosamente por nuestra imaginación.

La Biblia nos enseña en el libro del profeta Jeremías, cuyo ministerio duró más de cuarenta años (y quien fuera testigo de la cautividad del pueblo hebreo en Babilonia), las consecuencias de construir conceptos o ideas, fundamentados en nuestras percepciones:

“Dijo el Señor: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella; antes se fueron tras la imaginación de su corazón”. (Jeremías 9:13-14).

“Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón”. (Jeremías 11:8).

Si analizamos profundamente la idea de los versos anteriores, podremos darnos cuenta de que no sólo hemos juzgado equivocadamente a las personas que vemos o las situaciones que enfrentamos sino que incluso nos hemos atrevido a emitir un juicio anticipado de Dios, de su persona, de sus mandamientos y aun de sus propósitos.

Unos lo hacen por ignorancia, otros por los caprichos de su mente entenebrecida, algunos más porque pretenden negar la existencia de una autoridad mayor sobre sí mismos y, nunca faltan aquellos que tienen por filtro su experiencia para establecer parámetros con los que miden todas las cosas.

Visiones tales como la de un dios con garrote que con enojo nos vigila desde las alturas, dispuesto a castigarnos a la menor provocación; o uno débil, carente de emociones y desconectado de las necesidades humanas; o hasta la de un dios permisivo al que sólo le interesa que el hombre sea feliz, sin importar el costo o el resultado de sus acciones justificadas en una errónea idea del amor que tiene por el hombre; todas son tan distantes de la esencia verdadera de su carácter como lo son el norte del sur y la luz de las tinieblas.

Dios nos declara, por tanto, cuál es el punto de partida para entender su corazón. Establece la pureza y bondad de sus atributos como el generador de pensamientos de paz y bendición para cada persona que esta dispuesta a conocerlo sin apresurarse, sin imaginarse, sin establecer patrones o criterios previos que nublen el entendimiento de cuáles son sus planes y propósitos reales para cada uno de nosotros.

Sin duda alguna, esto produce en nuestra vida una fe cada vez más robusta y una gracia que nos libra de caer en los excesos de la mente, ágil y perspicaz, inclinada generalmente a la maldad si no ha sido redimida en la justicia de aquel que tiene el poder de librarnos de sus peligrosos efectos.

¡DIOS LES BENDIGA! 

 

EL NUEVO DISCÍPULO

¿Cómo es un verdadero discípulo? ¿Cuáles son sus características al final del proceso? Se podrían hacer muchas descripciones, pero veamos algunas:

  • Un discípulo lleva mucho fruto (Juan 15:8)

  • Un discípulo ama a Dios y a los demás (Mateo 10:37, Juan 13:35)
  • Un discípulo es una persona desinteresada (Lucas 14:33)

  • Un discípulo lleva su cruz y sigue los pasos de Jesús (Mateo 10:38)

  • Un discípulo mora en la Palabra de Dios y la Palabra de Dios mora en él (Juan 8:31)

  • Un discípulo es un testigo de Jesucristo a los demás (Marcos 8:38)

    Un discípulo es aquel que en humildad está a los pies de su maestro para escuchar y aprender. No sólo debe apegarse a la enseñanza de su amo, sino también a su persona. A veces, tendrá que abandonar todo para seguirlo.

    Así que no es un camino facil. Hay un precio a pagar, como es a menudo el caso con todo lo que es grande y hermoso. Pregúntale a la madre que da a luz y educa a su hijo, o al artesano que lleva a cabo la obra de su vida.

    ¿Hay una obra mayor para nosotros los discípulos de Jesucristo que anunciar el hermoso mensaje del Evangelio? El discípulo debe por lo tanto renunciar a lo que puede parecer más legítimo, su propia vida, para cada día, seguir a Jesús. “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. (Lucas 14:26-27)

    El discípulo sabe bien que no puede ser una persona superficial. Necesita raíces. Para esto debemos cavar, excavar, buscar la profundidad e incluso dejarnos arar por el obrero divino, que quiere plantar en nosotros la semilla de su Palabra.

    Ciertamente estamos lejos de una adhesión intelectual o un enfoque sentimental, que es muy frágil. El discípulo está comprometido al 100% con un camino de perseverancia y conoce el valor y el precio de su compromiso.

    En resumen, los discípulos son aquellos que se han unido a Jesucristo y aspiran a ver que sus vidas se parezcan a la suya. Este apego no se limita a absorber todo tipo de hechos o palabras acerca de la persona de Jesús, sino a hacerse como Él para que Él pueda vivir en nosotros. Gálatas 2:20: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

    Nuestra oración debe ser: “¡Señor! ¡Ayúdanos a obedecer y hacer discípulos, en nuestro país, como en todas las naciones!”

    “¿Estamos dispuestos a obedecer al mandato de Cristo de hacer discípulos?” ¿Cuándo comenzaremos? 

 

 

 

 

“El que busca, encuentra” dice un dicho popular. ¿Qué se puede buscar? o ¿qué nos obliga a buscar con empeño, tenacidad, con perseverancia? Buscamos algo que se nos perdió y que es verdaderamente importante encontrar.

“Señor tu sabes lo que me sucede, por favor, ayúdame...” (Jeremías 15:15 - NTV) El profeta se expresaba de esta forma; era una oración, una súplica que denotaba la urgencia de ser contestada.

En algunos casos hemos tenido situaciones en nuestra vida que nos han obligado a suplicarle a Dios de esta manera, la necesidad imperante de encontrar esa ayuda. “Que Dios nos ayude” exclaman algunos, más cuando estamos “bloqueados” y no sabemos ni cómo ni por dónde. Buscamos quien o con quién, buscamos una respuesta que solucione, buscamos de muchas formas. Buscamos, buscamos y buscamos porque queremos una pronta ayuda. Por lo angustioso, apremiante y confuso del momento no sabemos qué hacer y así empieza una búsqueda de algo que nos de paz, seguridad y la confianza que todo saldrá bien.

A Jeremías le resultaba muy difícil ser testigo de grandes calamidades, desgracias y dolor entre sus hermanos (la gente de su pueblo) y él se preguntaba acerca de lo que estaba no sólo viendo, sino viviendo. ¿CÓMO? Cómo era posible que ese pueblo glorioso y fuerte, que había sido esplendorosamente grande, ahora estaba en decadencia a punto de perder todo y caer en cautiverio ¿La causa? la maldad, la infidelidad y la desobediencia a Dios.

Dios le responde a Jeremías y le dice qué es lo que deben hacer para salir de tal desesperación y de ese estado angustioso en el cual se encontraban. Así como nos dice el libro de Jeremías, Dios nos responde aún en esos momentos de confusión ocasionados por la maldad, o por nuestra desobediencia en la que de alguna forma hemos estado empeñados, empecinados en seguir nuestros propios caminos, o seguir cometiendo el mismo error vez tras vez. Sin embargo la fidelidad y el amor de Dios es infinito, invaluable, incomprensible; nos habla, nos responde pero también nos confronta en amor con su Palabra, ¡qué enorme bendición! La única condición o requisito es el arrepentimiento, dar un giro de 180 grados y si hay arrepentimiento sincero, habrá restauración.

Hablemos sinceramente con la verdad, sin ocultar nada, abriendo nuestro corazón delante de Él; consultándolo, acudiendo en oración para pedir su guía, ayuda, y dirección a través de su Palabra. Callemos cuando sea necesario, evitemos los chismes y murmuraciones para no dejarse contaminar. “Esto responde el Señor: Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables, serás mi vocero. Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!” (Jeremías 15:19 - NTV) Que nuestro testimonio de lealtad, obediencia y fidelidad a Dios hable más que las palabras.

La palabra está tipificada como alimento en este versículo y verdaderamente eso es; un alimento espiritual que nos fortalece, nos da claridad de pensamiento, abre los ojos de nuestro entendimiento y nos da la fuerza y el ánimo para ponernos en acción, y tomar decisiones. El “encontrarnos” en su Palabra, el darnos cuenta y estar conscientes de que estamos presentes en ella, para ser animados (y por que no, confrontados) produce gozo, genera confianza y da seguridad; requiere también de esa tenacidad en buscar a Dios, ser tenaz se aplica a la persona que no desiste con facilidad de sus convicciones y propósitos. Habrá una inmensa satisfacción por haber hecho nuestra parte, -lo posible-. Lo imposible lo hará Dios a nuestro favor. Buscar a Dios en todo tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia, por grande o pequeña que esta sea.

Su palabra será como luz, dando dirección, dándonos fuerza, y el ánimo necesario para continuar. “Al encontrarme con tus palabras las devoré, me las comí, fueron una delicia, y por lo tanto me alegré y todo esto alegró también mi corazón...” Así como a Jeremías le tocó ver y vivir una etapa muy difícil, así también a nosotros nos pueden llegar esos momentos de oscuridad y confusión, pero Dios a través de su Palabra, traerá dirección, consuelo, gozo y paz. ¡Solamente en Dios, enÉlyennadiemásqueenÉlyensuPalabra,
nuestro corazón se alegrará!

¡DIOS LES BENDIGA!

 

 



“El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro”
, dice la Biblia (Lucas 6:40); ¡Imagínese el resultado que esto puede producir cuando la televisión es el maestro! Desafortunadamente, la televisión es responsable de transformar a la gente en discípulos de ella. Su sistema de valores y su visión están moldeados por miles de escenas de asesinatos, violaciones, todo tipo de violencia y obscenidades que se difunden en sus mentes noche tras noche. El creyente ve la televisión en promedio unas 21 horas a la semana, pero pasa unos 11 minutos semanales alimentándose de la Palabra de Dios.

Tenemos que entrenar a los discípulos a ocuparse por parecerse a Cristo “...a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13) más que conformarse al mundo. “Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es su culto racional. No se conformen a este siglo, sino transfórmense por medio de la renovación de su entendimiento, para que comprueben cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. (Romanos 12:1-2)

El trabajo y el objetivo de Pablo era hacer que cada congregante sea adulto, maduro, completo, perfecto en Cristo; “...a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”. (Colosenses 1:28). El objetivo final debe ser siempre formar discípulos capaces y plenamente devotos de Jesucristo.

¿Es eso lo que estamos produciendo hoy? No logramos nuestra tarea hasta que llevamos a la gente a Cristo, les ayudamos a alcanzar la madurez y a “reproducirse”.

Imagínese a un hombre que construye una gran fábrica para hacer radios. Emplea a 400 trabajadores para montar todo tipo de radios; desarrolla un programa de formación, anima a sus empleados a mejorarse ellos mismos, les paga un buen sueldo, y finalmente todo está listo para comenzar la línea de montaje. Él vuelve un poco más tarde para ver cómo va el trabajo. Todas las luces están encendidas, las máquinas están funcionando, todo el mundo parece ocupado, los equipos están en su lugar, y la fábrica parece una colmena. Cuando pregunta cuántas radios se han producido en la semana, el supervisor lo mira y responde: “¡De hecho, ninguna!”

Pero ¿qué estamos haciendo aquí? ¡Esta fábrica funciona a plena capacidad! Pero algo no va bien. Una fábrica que está diseñada para fabricar radios, equipada para fabricar radios, gestionada para fabricar radios y que no produce radios, pierde todo sentido y propósito. ¿Habrá alguna similitud con la Iglesia de Cristo?

El “producto terminado” de la congregación es una persona salvada y entrenada para ayudar a otros a acercarse a Cristo. El éxito de una congregación no se mide por el tamaño de la audiencia, aunque sea de miles. El éxito está determinado por el número de discípulos que produce.

LA ENSEÑANZA

¿Cuáles son las áreas en las que el creyente necesita urgentemente ser educado?

La seguridad de la salvación, cómo estudiar la Biblia, la comunión con Dios, la oración, el Espíritu Santo y sus dones, la vida en santidad y pureza, cómo llevar almas a Cristo, cómo hacer discípulos, el matrimonio, el hogar y la familia, saber administrar sus bienes y sus finanzas, el espíritu de servicio, la gestión del tiempo, las responsabilidades, la Iglesia, la segunda venida de Jesucristo...

Un discípulo aprende de tres maneras: por el ejemplo y los consejos de un mentor espiritual, por el Espíritu Santo y por la predicación de la Palabra de Dios. 

Continuará...