La reflexión de la semana

 

 

Podemos estar tan cerca del Señor como lo decidamos, todo depende de nosotros. Es necesario que estemos bien definidos en el aspecto espiritual acerca del significado de seguir a Jesucristo. En esta vida material no podremos caminar sin poner nuestra confianza en Él, porque de lo contrario, tendremos desesperación, angustia y sobretodo caminaremos sin la seguridad de hacia dónde vamos. Cristo jamás actuará en una forma contraria a la que dice Su Palabra.

Jesucristo nunca irá en contra de lo que está escrito y Él no quiere que nos perdamos en nuestros propios errores, ni que nos extraviemos en las malas decisiones. Él nos hace un llamado para venir y aprender, venir a vivir, venir y trabajar por la vida eterna. Cristo sabía que muchos de los que llegarían a seguirle no sabrían el significado de este seguimiento, por eso vuelve a decir esta vez a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mateo 16.24).

El Señor nos pide cosas que humanamente podriamos argumentar: “no estoy preparado para olvidar mi pasado”, “tampoco para perdonar a aquella persona que me estafó”, “aquella que arruinó mi vida”, “no estoy listo para enfrentar el mañana”, o “no estoy preparado para enfrentar los problemas”, pero Él nos dice hoy: “Sígueme porque mi mano será fuerte sobre ti”. Y afirma diciendo: “que no temamos porque Él está con nosotros”, y quiere que le sigamos, para tomarnos de la mano y llevarnos a la meta. ¡Que bendición!

AMADOS AMIGOS: Siguiendo a Cristo somos gradualmente transformados a una vida distinta, mejor y eterna en los cielos. Sentimos en nuestra alma un gozo nuevo; nos sentimos perdonados de nuestros pecados y en posesión de paz y gozo, de una salvación sin límites. Dios tiene grandes cosas para cada uno de nosotros, porque desde el día en que nos encontramos con Jesús, cambiamos de ser personas amargadas, endeudadas, afligidas, temerosas, a ser valientes, a ser guerreros conquistadores para Dios, hombres y mujeres con propósitos. Jesús les dijo: “Síganme, y yo haré de ustedes pescadores de hombres”. Todo viene como consecuencia de seguir a Cristo.

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

Un tesoro es algo valioso, de alta estima para las personas y que siempre se relaciona con dinero, oro o plata; pero hay un tesoro espiritual de alto valor, más que todo el oro, la plata y las piedras preciosas y es la vida del Ser Humano, como hombres y mujeres, Dios nos estima como un gran tesoro. Porque somos valiosos para Él, somos sus hijos, su precioso tesoro y posesión. Así que nuestro valor no depende de lo que otros piensan de nosotros, o de lo que nosotros pensamos de nosotros mismos, como Dios nos ve es lo que determina nuestro valor y por eso somos su ESPECIAL TESORO.

“Somos tesoros en vasos de barro”. Con sus manos Él nos creó, nos da la forma que más conviene y sirve a su propósito. Es una forma de garantizar que suya sea toda gloria por realizar esta obra que somos ustedes y yo, la obra de sus manos que él cuida celosamente. Dios ha decidido poner sus tesoros y riquezas en nosotros, Él forma con nuestra vida de barro un recipiente digno, y formado como Él desea.

El Señor nos da forma para depositar su gloria y la excelencia de Su poder en nosotros, y de esta manera ser una vasija llena de los tesoros de Dios, para bendecir a los que nos rodean, iluminándolos en un mundo de tinieblas y siendo la sal, que le da sabor a esta vida. Dios llena de sus tesoros y riquezas a los que le aman heredándole sus bendiciones. “Te daré los tesoros ocultos, y las riquezas de los lugares secretos, para que sepas que soy yo, el SEÑOR, Dios de Israel, el que te llama por tu nombre”. (Isaías 45:3 VBA)

AMADOS AMIGOS: Somos el centro del plan de Dios, del deseo de Su corazón, y cumplimos con Su propósito al abrirnos completamente para que Él nos llene, a fin de que pueda rebosar en nuestro interior. Al abrir nuestros corazones desde lo más profundo del interior y confesar con nuestras bocas hacia nuestro exterior, permitimos que Cristo llene cada espacio en nuestro ser, al punto de rebosar con Él y expresarlo como el tesoro en nosotros. Como dice la Escritura: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.

 

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

Fuimos puestos en esta tierra por Dios, con un propósito: para servirle a Él y a los demás. Siempre que servimos a otros de cualquier manera, en realidad estamos sirviendo a Dios, cumpliendo así, sus propósitos conforme a lo que nos dice su Palabra.

En estos tiempos vemos como hay personas que se esfuerzan por estar en la cumbre; buscan el poder, persiguen con insistencia estar en alguna posición o puesto importante, ya sea en la política, la industria, el comercio y aun en el deporte... es tal su ambición personal, que tienen la tenacidad de hacer lo imposible con tal de conseguir un cargo, en donde puedan recibir créditos o elogios por lo que son o por lo hacen. Jesús dijo: “Quien quiera ser grande debe de servir a los demás”.

Amigos, es un privilegio servir. Cuando se tiene la disposición, y sobre todo un corazón sincero, se evitarán los desánimos y los sinsabores al no recibir estímulos o recompensas. Es importante entender que el deseo de ser grande por méritos personales, roba la paz, destruye las relaciones, y al mismo tiempo obstaculiza toda comunicación con Dios. Dios se complace cuando servimos con humildad de corazón de manera que: “todo lo que hagamos lo hagamos como para el señor y no para los hombres”.

AMADOS AMIGOS: Reflexionemos hoy lo que el Señor dice por medio de su Palabra: “Que Dios no es injusto para olvidar toda obra de amor que se ha mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aun”. Cuando se renuncia a las ambiciones personales, a ese deseo de recibir elogios o reconocimientos, se manifestará una verdadera libertad en trabajar o servir sin importar condición y posición; el Señor sabe lo que cada uno de nosotros estamos haciendo y esto, constituye la clave para la satisfacción personal de toda actividad que desarrollamos. Además, lo más importante es que tenemos la bendición de la compañía del Señor, pues él lo dice: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo este, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

 

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

Jesús dijo: “No todos los que me dicen: Señor, Señor, entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre”. Decir: ¡Señor, Señor! no basta, tenemos que vivir en obediencia a Dios para cumplir su voluntad.

Esto sólo es posible cambiando nuestra vida, cambiando nuestro corazón, nuestra conducta y nuestras costumbres.

El hacer la voluntad del Padre es dejar de tomar decisiones por nosotros mismos e ir delante del Señor para pedirle que nos guíe en lo que queremos hacer, entregando todo en sus manos porque anhelamos hacer su voluntad.

Si nosotros humilde y diligentemente vamos al Señor, lo escuchamos y le obedecemos, Él nos cambiará para que pueda realmente ser nuestro Señor y Dios. Y en respuesta el Padre, por medio de Jesucristo, nos dirá lo que debemos hacer. No olvidemos que hacer la voluntad del Padre es imposible con nuestra propia mente o razonamiento. Lo dice su Palabra: “ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo”.

Jesús el Hijo de Dios, tuvo luchas con Su carne como cualquiera de nosotros, pero Dios lo permitió para darnos ejemplo de cómo también nosotros podemos vencer la carne con la ayuda del Espíritu Santo y cumplir la voluntad de Dios para nuestras vidas. Hacer la voluntad de Dios trae mayor satisfacción en cada creyente que no hacerla. Si estamos luchando por rendirnos a Su voluntad, pidamos al Señor que nos ayude y nos enseñe como hacer su voluntad; así como lo dice el salmista: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tu eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra firme” (Sal.14:10).

AMADOS AMIGOS: Reflexionemos hoy si estamos intensamente interesados en saber la voluntad de Dios para nuestra vida. Las Escrituras son enfáticas en enseñar que Dios revela Su voluntad a aquellos que desean conocerla. “Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo”. (Juan 7:17). Es un privilegio que debería ser la experiencia normal de todo creyente, para que con todo nuestro corazón podamos decir confiadamente: “Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón” (Sal.40:8).

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

La Palabra que sale de la boca de Dios

“Él respondió y dijo: Escrito está: No Sólo de pan vivivrá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4)

 

 

Mucha gente piensa que el pan y la comida física en general es lo único que se necesita para vivir.
Es verdad que el alimento físico es necesario para sobrevivir y satisfacer nuestra hambre física, pero de acuerdo a la Palabra de Dios hay una cosa fundamental que se necesita para hacer de nuestras vidas algo más que simple sobrevivencia. Jesús dijo: “Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” De acuerdo a lo que el Señor dice, es que para hacer de nuestra vida una vida en abundancia y no solamente sobrevivir físicamente, requerimos en nuestra vida “toda palabra que sale de la boca de Dios”, esto es la Palabra de Dios.

La palabra que sale de la boca de Dios es pura, limpia y va directo al corazón y a la mente del hombre, como dice la Escritura: “Grábense estas palabras en el corazón y en la mente; átenlas en sus manos como un signo, y llévenlas en su frente como una marca”. Dios quiere que nuestros corazones se llenen de Su Palabra con el propósito que haya buenos pensamientos, buenos afectos y buenos principios en nuestro interior. Dejemos que nuestros ojos se fijen en la Palabra de Dios; que tengamos una constante relación con ella como la guía de nuestro camino, como la regla de nuestro trabajo diario.

La Palabra de Dios permanece para siempre. Y no necesita actualización. El Dios que respaldó esa Palabra hace más de dos mil años, es el mismo Dios hoy también. Algunas veces para el hombre son suficientes unos minutos para cambiar de opinión. La “variación” es algo muy frecuente en el hombre, pero con el Señor no la hay, ni siquiera la más remota señal de ella. La Palabra de Dios siendo verdad y respaldada por un Dios que no cambia, es ciertamente el fundamento más seguro para nuestras vidas y es lo único de lo cual podemos aprender sin temor a que nos falle.

La Palabra que sale de la boca de Dios trae gran regocijo. De hecho, trae tanto gozo como el de aquel que encuentra un gran tesoro. No necesitamos ganarnos un premio para tener gozo, lo único que necesitamos es ir a la Palabra, estudiarla, creerla y guardarla en nuestro corazón.

AMADOS AMIGOS: Nuestra reflexión en este tiempo es que tenemos a nuestro alcance la Palabra que sale de la boca de Dios... y no volverá sin resultados; ninguna palabra o declaración de Dios puede quedar sin cumplirse. Lo afirma en su promesa de hoy: “Así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito Mucha gente piensa que el pan y la comida física en general es lo único que se necesita para vivir.

Es verdad que el alimento físico es necesario para sobrevivir y satisfacer nuestra hambre física, pero
de acuerdo a la Palabra de Dios hay una cosa fundamental que se necesita para hacer de nuestras vidas algo más que simple sobrevivencia. Jesús dijo: “Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” De acuerdo a lo que el Señor dice, es que para hacer de nuestra vida una vida en abundancia y no solamente sobrevivir físicamente, requerimos en nuestra vida “toda palabra que sale de la boca de Dios”, esto es la Palabra de Dios.

La palabra que sale de la boca de Dios es pura, limpia y va directo al corazón y a la mente del hombre, como dice la Escritura: “Grábense estas palabras en el corazón y en la mente; átenlas en sus manos como un signo, y llévenlas en su frente como una marca”. Dios quiere que nuestros corazones

se llenen de Su Palabra con el propósito que haya buenos pensamientos, buenos afectos y buenos principios en nuestro interior. Dejemos que nuestros ojos se fijen en la Palabra de Dios; que tengamos una constante relación con ella como la guía de nuestro camino, como la regla de nuestro trabajo diario.

La Palabra de Dios permanece para siempre. Y no necesita actualización. El Dios que respaldó esa

Palabra hace más de dos mil años, es el mismo Dios hoy también. Algunas veces para el hombre son suficientes unos minutos para cambiar de opinión. La “variación” es algo muy frecuente en el hombre, pero con el Señor no la hay, ni siquiera la más remota señal de ella. La Palabra de Dios siendo verdad y respaldada por un Dios que no cambia, es ciertamente el fundamento más seguro para nuestras vidas y es lo único de lo cual podemos aprender sin temor a que nos falle.

La Palabra que sale de la boca de Dios trae gran regocijo. De hecho, trae tanto gozo como el de aquel que encuentra un gran tesoro. No necesitamos ganarnos un premio para tener gozo, lo único que necesitamos es ir a la Palabra, estudiarla, creerla y guardarla en nuestro corazón.

AMADOS AMIGOS: Nuestra reflexión en este tiempo es que tenemos a nuestro alcance la Palabra que sale de la boca de Dios... y no volverá sin resultados; ninguna palabra o declaración de Dios puede quedar sin cumplirse. Lo afirma en su promesa de hoy: “Así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié”. (Isaías 55:11)  

Que Dios los bendiga