La reflexión de la semana

 

Cristo dijo: “No he venido a juzgar, he venido a salvar”. El juicio no es de Dios, ya que de Dios es la salvación; sin embargo, los hombres pueden caer en manos del juicio que ellos mismos se provocan.

El Señor no vino a ponernos ante la amenaza del juicio, sino a ofrecernos con palabras llenas de amor, el perdón incondicional, la total apertura de aquel que se arrepiente para estar en su reino. Jesús no fue profeta del juicio divino, tampoco un mensajero de castigo, sino el portador de Buenas Nuevas del Reino de Dios. Él era el portador de la gracia del Padre.

Jesús ha introducido en nuestra historia la fuerza creadora de un amor que, por no darse de manera impositiva, puede transformar y transforma todo lo que existe en esperanza de salvación de la raza humana. Y ese es el deseo del corazón de Dios cuando lo afirma en la Escritura: “Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; Y verá toda carne la salvación de Dios”. (Lucas 3:5,6)

AMIGOS: Dios no envió a su Hijo amado sólo para desatar nudos o romper cadenas de pecado, sino que fue enviado especialmente para traer vida y vida en abundancia. Jesús es la presencia del amor de Dios para los pecadores para que allí, donde abunda el pecado, sobreabunde la gracia y el amor misericordioso de Dios. Jesús en sus mensajes siempre afirmaba el propósito del Padre: “De cierto, de cierto les digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

“Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”.

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

¿Cómo podemos agradar a Dios? ¿Qué características deben encontrarse en nuestras vidas para tener la certeza de que agradamos al Señor? Estas son preguntas que todo creyente debemos hacernos en algún momento de nuestra vida. Debemos reconocer que antes de conocer al Señor vivíamos para agradarnos a nosotros mismos, en diferentes formas y maneras. Pero ahora tenemos que vivir agradándole a Él, haciendo aquello que Dios nos demanda, por nuestro propio bien. Cuán importante es reconocer que, agradando al Señor, recibiremos bienestar y bendiciones. Lo dice Su Palabra: “Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo” (Eclesiastés 2:26a).

Agradar a Dios es el principal propósito de nuestra vida; la tarea más importante que tenemos es descubrir cómo y qué hacer, y es un privilegio que la Palabra (la Biblia) nos presenta ejemplos muy claros de cómo vivir una vida que agrada a Dios. Tener comunión con Él es lo que el Señor quiere de nosotros. El anhelo de Dios y lo que más le agrada, es que lo conozcamos y pasemos tiempo con Él, pues Dios se complace de nosotros. Tener comunión con el Señor, aprender a amarlo con todo nuestro corazón y ser amado por Él debe ser el mayor objetivo de nuestra vida, y no hay ninguna otra cosa que tenga tanta importancia en estos tiempos para nosotros.

AMIGOS: Agradamos a Dios cuando la motivación de nuestro corazón no es principalmente recibir aplausos de los hombres u obtener su opinión favorable, sino la del Señor en primer lugar. Su Palabra lo afirma: “Los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él” (2 Crónicas 16:9a). El Señor conoce las intenciones más profundas de nuestro ser y sabe cuando lo buscamos verdaderamente para agradarle al Él en primer lugar.

Si nos llenamos de fe, amor y esa presencia tan maravillosa del Espíritu Santo dando por gracia (lo que por gracia recibimos), estaremos viviendo el estilo de vida que le agrada a nuestro Dios y Padre Eterno. Concluimos la reflexión con este mensaje: ”Por lo demás, hermanos, les pedimos encarecidamente en el nombre del Señor Jesús que sigan progresando en el modo de vivir que agrada a Dios, tal como lo aprendieron de nosotros. De hecho, ya lo están practicando.” (1 Tesalonicenses 4:1)

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

Tener fe es ACEPTAR los designios de Dios, aunque no los entendamos o no nos gusten. Si tuviéramos la capacidad de ver el fin desde el principio tal como Él lo ve, entonces podríamos saber por qué a veces conduce nuestra vida por sendas extrañas y contrarias a nuestra razón y deseos. La fe siempre saca algo valioso de lo aparentemente inexistente; puede hacer que brille el tesoro de la generosidad en medio de la pobreza y el desamparo, llenando de gratitud al que recibe y al que da.

Tener fe es CREER cuando resulta más fácil recurrir a la duda. Si la llama de la confianza en algo mejor se extingue en nosotros, entonces ya no queda más remedio que entregarse al desánimo. La creencia en nuestras bondades, posibilidades y talentos, tanto como en los de nuestros semejantes, es la energía que mueve la vida hacia grandes caminos.

Tener fe es VER lo invisible, es mantenerse positivamente hacia delante a pesar de las adversidades, no importa cuán incierto parezca el futuro o cuán doloroso el pasado. Quien tiene fe, hace del hoy un fundamento del mañana y trata de vivirlo de tal manera que cuando sea parte de su pasado, pueda verlo como un grato recuerdo.

Tener fe es CONFIAR, pero confiar no sólo en las cosas, sino en lo que es más importante... en Dios y en las personas. Muchos confían en lo material, pero viven relaciones huecas con sus semejantes. Ciertamente siempre habrá gente que lastime y traicione la confianza, así que lo que tenemos que hacer es seguir confiando y sólo ser más cuidadosos con aquél en quien confiamos dos veces.

AMIGOS: La fe, según lo enseñó Jesús a sus discípulos, está ligada con los proyectos de Dios y no según el proyecto de los hombres. La fe no es un cheque en blanco que Dios le da a sus discípulos para que pidan lo que quieran, sabiendo que Él se compromete a respaldarlos en cualquier cosa que se propongan.

Más bien LA FE es la convicción de que Dios cumplirá lo que él ha hablado. “Y así, el Señor dijo: Si tuvieras fe como un grano de mostaza, podrías decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería”. Jesús les da a entender que, si tan solo tienen fe como un grano de mostaza, todo les será posible y ese mensaje también es hoy para nosotros. Tengamos fe como un grano de mostaza y nada se nos negará, no habrá barrera que nos detenga, porque Jesús nos dice: “tengan fe, tengan fe, tengan fe, y nada les será imposible.” Escrito está, ¡nada nos será imposible!

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

 

Santo es ser perfecto, libre de culpa. Dícese de lo que está especialmente separado para Dios. Él exige santidad en el hombre y esto es para que haya una perfecta comunión entre ambos. Dios no habita en un corazón que no esté separado para Él. Por eso dice Su Palabra: “dame hijo mío tu corazón porque de él mana la vida”.

El Señor por Su Palabra nos enseña que es en nuestro corazón donde Él habita y aunque nuestra apariencia física diga que somos cristianos y santos, si nuestro corazón no está separado como morada del Espíritu Santo, solo será apariencia. Ser santo no tiene que ver con un título sino con la manera de vivir; el ser santo lo define la manera como vivimos para Dios. En el cristiano, su vida y su cuerpo deben estar consagrados a Dios.

Ser santo es una decisión de cada uno de nosotros, podemos decidir obedecer a Dios y cambiar nuestra manera de vivir o podemos decidir seguir siendo los mismos, pero creyéndonos santos cuando en realidad no lo somos. Si no nos hemos apartado para Dios, si nuestra vida no está dedica a Dios sino a otras cosas, no somos santos.

En estos tiempos la decadencia moral del mundo, es de una sociedad donde la libertad se ha convertido en libertinaje: la prensa, el cine, la televisión, la música, el internet y otros medios, son anzuelos sutiles que atraen a muchos para ser tentados y por lo tanto, apartar nuestra vista de la santidad que Dios nos demanda. Pero sigamos adelante y que las pruebas de la vida no nos detengan. Si hemos decidido permitir que Dios trabaje en nuestra vida, moldee nuestro carácter, nos forme, que vivamos para Él y obedezcamos su Palabra, entonces somos santos, así como lo es nuestro Padre amado.

MIS AMIGOS: Reflexionemos que sólo siendo sinceros con Dios, creer en su Palabra y confiar en que Él nos perdona y nos limpia, nos conducirá a una vida santa. Concluimos con este mensaje: “Sigan la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. (Hebreos 12:14)

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

 

El evangelio nos narra que delante del Señor se presentaron unos políticos y religiosos, es posible que de antemano se habían puesto de acuerdo; es decir, que se consultaron entre sí para desacreditar a Jesús ante el pueblo. Y optaron por enviarle a unos de esos “grilleros encubiertos” para atraparlo con una pregunta. “Maestro, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo a César, o no?”

Sin embargo, el Señor no se dejó engañar por el paquete de palabras bonitas y las alabanzas huecas. Jesús pensó... si contestaba negativamente en cuanto a dar tributo a Cesar, lo acusarían de traición contra Roma. Si contestaba afirmativamente, lo difamarían como anti-patriótico y mesías impostor. Pero con toda su sabiduría él dijo: “Mostradme la moneda del tributo. ¿De quién es esta imagen? Ellos rápido contestaron, del César, Jesús les responde: ...dad, pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.

Jesús no tomó una actitud parcial, no favoreció ni a los conquistados, ni a los conquistadores. El “Dad a Cesar...” nos enseña a no ser negligentes en nuestros deberes con el gobierno, en pagar los impuestos, en orar por todos los que están en eminencia, no importa su partido (color), en no difamar y en obedecer a las leyes. La Escritura lo afirma: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”. (Rom.13:1).

El “Dad a Dios...” es el primer deber del hombre porque “El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. “Lo que es de Dios...” es el Reino, el del cielo y el de la tierra, y toda esta potestad ha sido dada al Hijo. Lo dice su Palabra: “He aquí, al SEÑOR tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay”.

AMADOS AMIGOS: Aquellas personas que dan a Dios lo que es de Dios son hombres y mujeres que le aman con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas, y no hay nada más fuerte, ni de más bendición, que amar a Dios por lo que Él es. Tengamos presente que todo lo que somos y tenemos aquí en esta tierra, le pertenecen al Señor. Jesús se lo dice al Padre: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”. (Juan17:9,10)

QUE DIOS LOS BENDIGA