La reflexión de la semana

 

La diferencia básica entre el amor de Dios y el del hombre es que Dios ama a los enemigos, a la humanidad entera y no espera una recompensa; es decir, no necesita ser amado antes sino que ama por naturaleza, porque el poder de Su amor es mayor que todo sentimiento que conocemos y su gran benignidad nos guía al arrepentimiento. El Señor sabe cuál es el resultado del amor por los enemigos, lo ha visto en la cruz, Él sabe el resultado en nuestras almas para la eternidad. Es la razón de este mensaje: “...ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

En cambio, el amor del hombre está enfocado básicamente en dos cosas, primero: en sus instintos y deseos. Segundo: en un amor del hombre natural, que le guía a buscar el disfrute egoísta de lo que tiene a su alcance, sin mirar al prójimo. El hombre natural por lo tanto, ama el dinero, el poder, el éxito ante los demás, busca ser reconocido, ser el líder, ganar en la competición a base de humillar y batir a su prójimo, y para ello mata y está matando diariamente, como vemos en las noticias de cada día. El amor del hombre solo piensa en él mismo, es enemigo de Dios, pues ni siquiera mira a su Creador.

Mas lo hermoso y digno de entender, es que el amor de Dios, es tan fuerte hacia nosotros, que nos ha dado a Su Hijo Unigénito entregándole en la cruz para morir en nuestro lugar a causa de nuestros pecados o errores, debido a nuestra enemistad natural contra Él. Sin embargo, el deseo del corazón de Dios es que conociéramos su gran amor hacia nosotros por medio de su Hijo Jesucristo, para que viviéramos por él. Ahora, si Jesús está en nosotros, tenemos ese amor en nuestro corazón. Lo afirma la Escritura: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Juan 4:16)

AMADOS AMIGOS: Dios nos ama de tal manera que, si andamos con Él en nuestro caminar diario, si le preguntamos a Él en oración sobre los anhelos de nuestro corazón, el Señor no dejará de avisarnos, de guiarnos y de darnos señales para que ya no erremos en todo aquello que emprendamos. Esa compañía Suya es la que nos muestra cada día el amor que nos tiene, y esto lo experimenta cada uno en su intimidad. Lo declara Su Palabra: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros”. (1 Juan 4:10,11)

QUE DIOS LOS BENDIGA

 
 
 

 

 

 

Cuando consideramos que las crisis están llegando a su punto más alto, cuando los problemas parecen insolubles, cuando llegamos al límite de nuestra resistencia, es allí cuando Dios se glorifica; pero en especial se glorifica cuando nuestra esperanza está volcada a Él. Aunque ejércitos acampen contra nosotros, tenemos asegurada la victoria porque el Señor es quien pelea por nosotros.

Muchas veces olvidamos que Dios es quien pelea por nosotros; nos estresamos y desesperamos pensando: ¿cómo venceremos?, ¿cuál será la mejor forma de hacerle frente al enemigo? Muchas personas llegan a enfermarse, a perder el sueño y el apetito, dañan sus relaciones interpersonales; toda su vida es un caos mientras intentan encontrar soluciones. Sin embargo, al igual que al pueblo de Israel, Dios nos dice que bajo esas circunstancias extremas estemos quietos. Que entendamos su voz, porque nuestro Dios pelea esa batalla por nosotros. En su Palabra nos dice: “El SEÑOR peleará por ustedes mientras ustedes se quedan callados.” (Éxodo 14:14)

Los problemas siempre tocarán a la puerta del ser humano. Muchas veces parecen ser más fuertes que nosotros. Son ataques propiciados por nuestro enemigo espiritual; ataques que cercan nuestra fortaleza. Y lo que sucede es que los problemas desencadenan angustia en nuestro ser. En la mayoría de los casos nos percatamos tarde de esos problemas que han tomado fuerza a causa de nuestro descuido. Cuántas veces vemos con desesperación que se cierran todas las aparentes salidas y es posible que frente a las crisis y problemas que enfrentamos no sabemos a quién acudir. Hoy Dios nos recuerda no olvidar lo que dice su palabra: “No les teman, porque el SEÑOR su Dios es el que pelea por ustedes.” (Deuteronomio 3:22)

AMADOS AMIGOS: Reflexionemos en este tiempo y entendamos que los problemas tienen solución en Dios. El Señor es el Dios que hace posible lo que para el hombre es imposible, por tanto debemos tener claro que las circunstancias adversas pueden ser modificadas por el Creador para darnos la victoria.

Él nos llamó a ser vencedores y en esa condición permite que todo salga conforme a Su Voluntad. ¡Amigos, debemos depositar nuestra confianza en el Señor, en los momentos de mayor dificultad!  Escrito está: “Así que no pierdan la confianza, porque esta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido” (Hebreos 10:35, 36) ¡DIOS PELEA POR NOSOTROS HOY!

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

Así como Josué, todo hombre de Dios solo puede ser perfeccionado y preparado para toda buena obra por medio de la Palabra; muchas personas rechazan el estudio y la lectura de la Palabra de Dios y la consecuencia se refleja en sus propias vidas, su matrimonio, su trabajo y el ministerio; para todo aquel que es cristiano o hijo de Dios, cuán importante es estudiar la Palabra y meditarla. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores. Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. Dios pide que sus palabras y pensamientos sean congruentes. Que las palabras de nuestra boca estén sustentadas por la meditación del corazón.

La verdadera meditación de la Palabra es un proceso activo del pensamiento, es decir -pensando y resolviendo-, pidiéndole a Dios que nos dé el entendimiento por el Espíritu Santo y poner la verdad de la Palabra en práctica, mientras desarrollamos nuestras actividades cotidianas. La Biblia es suficiente para equiparnos totalmente para toda buena obra. Lo que nos conduce al crecimiento y la madurez espiritual en las cosas de Dios, al ser enseñados por el Espíritu Santo. Lo confirma el salmista cuando dice: “!Oh, cuánto amo yo tu ley!... Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación”. (Salmo 119:97-99)

AMADOS AMIGOS: La única forma válida de entender la Palabra de Dios, es cuando comenzamos a leerla, escudriñarla y meditarla;
por medio de ella vamos buscando la gloria del Señor, teniendo el entendimiento accesible a la convicción, con un corazón humilde y enternecido para creer lo que el Señor dice. Al meditarla de día y de noche, podremos entender la autoridad de las Escrituras y la persona que habla a través de ellas, que es el Espíritu Santo. Abramos los ojos de nuestro entendimiento para que temamos a Dios y le sirvamos agradándole siempre. Él tiene bendiciones para nosotros:
“Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que agradables delante de él”. (1 Juan 3:22

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

“Y en ningún otro hay salvación” es una declaración que, a lo largo de la historia del ser humano, ha sido y es la única verdad aceptada por la que se han salvado hombres y mujeres y como está escrito en la Palabra: sólo Jesús es el único que puede seguir salvando hoy. “Este Jesús es la piedra reprobada por ustedes los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación” (Hechos 4:11,12)

Su nombre es único, Jesús es el Señor. Y se le conoce también como: “el Salvador del mundo”; también es llamado “Libertador”, “Redentor” y “el Cristo”. El título Cristo en realidad significa “Mesías” o “el Ungido.” Sólo Él puede proporcionar el único camino para la salvación eterna y la entrada al Reino de Dios.

El Señor no quiere que ninguno perezca, ni hombre ni mujer, ni viejo ni joven, ni rico ni pobre, y ninguna nacionalidad por encima de otra. Dios desea que cada persona se reconcilie con Él a través de su Hijo Jesucristo. No olvidemos quién es ese Dios que amó de tal manera al mundo. El Dios poderoso que no tiene límites, como lo afirma en su Palabra:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

AMADOS AMIGOS: El camino de la salvación por fe, es el camino que glorifica el nombre de Jesús. Su nombre es la puerta de entrada a la amistad con Dios. El nombre de Jesús es el centro de la fe y el arrepentimiento. Para creer en Él y obtener el perdón de nuestros pecados debemos creer en Su Nombre. Esto es que, al haber oído de Él, debemos saber que es un hombre especial, que realizó el trabajo de salvación a nuestro favor y resucitó de los muertos. Así lo afirma la Escritura: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”.

(1 Timoteo 2:5, 6)
QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

La vida eterna ES conocer al ÚNICO Dios Verdadero y a su Hijo Jesucristo a quién Él envió para salvarnos de la paga de pecado, que es
la muerte eterna. Cuando conocemos al Dios Verdadero y a Jesucristo como Salvador y Señor obtenemos la vida eterna, la cual empieza en el momento que reconocemos esta verdad. Dios quiere que sepamos que es la vida eterna y que la recibamos hoy, no hasta que muramos. Jesús dijo:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Juan 5:24)

Muchas son las personas que pasan su tiempo preocupándose por sus necesidades materiales, tales como casa, auto, comida, finanzas, salud y otros. Todas estas cosas son importantes en la vida pero para los que tenemos a Jesús como Señor y Salvador, mas no deben convertirse en una prioridad porque entraríamos en el afán y la ansiedad de la vida, de las cuales se nos alerta en la Palabra que no debemos caer; además, en estas cosas no hay una garantía de felicidad. Dios desea que vivamos confiados en Él y en su gracia salvadora; y nos da varias razones para tener la certeza de nuestra seguridad eterna.

La vida eterna es la dádiva sin fin del amor de Dios para hacernos inmensamente felices, en todo lo que Él es para nosotros en Jesús Señor nuestro. Nos ama de tal manera como lo afirma en su Palabra: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

AMIGOS: Concluyo esta reflexión con la siguiente historia: Faraday, el famoso físico y hombre de gran talento, cuando se hallaba cerca de la muerte, muchos de sus cercanos le cuestionaron sobre cuáles eran sus teorías ahora que estaba por morir, a lo que el respondía: “Teorías no tengo; estoy descansando sobre seguridades”, replicó, citando luego el versículo: “Yo sé a quién he creído y cierto estoy que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (1 Timoteo 1: 12). Faraday tenía la seguridad de la vida eterna. ¿Podemos decir

lo mismo hoy?

QUE DIOS LOS BENDIGA