La reflexión de la semana

 

Nosotros pertenecemos al Dios y Padre nuestro, como sus herederos. Él nos redimió, nos adoptó y nos hizo herederos por Su gracia, por medio de Jesucristo. Es algo que Él ha hecho en Su propia y libre voluntad. Pero también nosotros tenemos a Dios como nuestra propia herencia. El salmista dice: “El Señor es la porción de mi herencia...” Esto quiere decir que Dios es nuestra herencia.

En el pasaje anterior se nos dice que “somos herederos por medio de Cristo”. Lo que nos da entender que todo lo que sea la herencia que le pertenece a Él también es nuestra. Todo lo que nosotros heredemos, nosotros lo heredamos con Él. Esto no es algo que nosotros merecíamos, sino que es estrictamente un regalo de Dios para sus hijos escogidos. Y así lo afirman las Escrituras: “para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser HEREDEROS conforme a la esperanza de la vida eterna”.

El propósito de Dios para nosotros como sus hijos es que heredemos en este Reino, es decir que Él nos colocó en este mundo para participar de su herencia. Por tanto, nuestro papel principal es heredar y por ende gozarnos de este Reino ahora, pues con Cristo en nosotros estamos bendecidos. Como dice Su Palabra: “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz”. (Salmo 37:11)

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

Todo hombre o mujer de buena voluntad busca un camino, busca la esencia de la existencia, el porqué de las cosas, de los eventos y los acontecimientos en el mundo que conocemos (también en el que desconocemos) y nos queda un camino que queremos encontrar: el camino de la Verdad. La Verdad no es una ciencia o una religión, no es una filosofía, ni una información; la Verdad es el Ser más maravilloso que existe: La Verdad es Jesús, la Verdad es Dios. Cristo ES LA VERDAD y lo afirma en su Palabra: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)

Cualquier camino tendrá sus pruebas y tendrá sus complicaciones. Por tanto, debemos recordar que el camino que elijamos es nuestra elección. El camino del Señor no es fácil, pero su llegada es segura.

La libertad de escoger es nuestro privilegio. No se obliga a las personas seguir ningún camino... todos los caminos son elección de cada quién. Y cada camino trae consigo sus pruebas. Por eso depende de nosotros el escoger el camino correcto. Se nos advierte: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte.”

Al Señor lo que le interesa es que lleguemos al final del camino, tomados de Su mano... los obstáculos que encontremos son producto del rumbo que tomamos. Sólo aquellos que están dispuestos a descubrir lo desconocido pueden comenzar su caminar en busca de lo desconocido. Dios es lo desconocido. La verdad de su Palabra es lo desconocido, el amor y la ternura del Señor es lo desconocido. Pero el deseo del corazón de Dios es que vayamos por el camino que Él nos indica: “Así dice el SEÑOR: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos cuál es el buen camino, y andad por él; y hallaréis descanso para vuestras almas”...

AMADOS AMIGOS: Hoy es tiempo de reflexionar, de no quedarnos quietos, sin hacer nada, tomemos la iniciativa de tomar el camino que Dios nos ofrece y que es perfecto, aceptemos los retos que se presentan en nuestra vida; Dios como padre amoroso siempre estará con nosotros para superar cualquier circunstancia. Y nos anima con su Palabra: “Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el Santo de Israel: Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te enseña para tu beneficio, que te conduce por el camino en que debes andar”. (Isaías 48:17)

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

La palabra desmayar significa: Perder el valor, desfallecer, acobardarse. Por eso mis amigos no debemos desmayar cuando se presenten algunas pruebas o circunstancias adversas, y muchas veces en la vida sentimos desmayar, es decir, caer por falta de fuerzas; cuando creemos que el problema es tan grande, nos embargan los sentimientos negativos y crisis que provocan un grave problema espiritual que no nos permitirá actuar libremente. Sin embargo, la bondad de Dios se muestra en aquellos que creen en sus promesas y se entregan en sus manos. “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda.” (Salmo 121:1-3)

A lo largo de nuestras actividades, muchas veces sentimos que nos faltan las fuerzas para seguir. La principal actividad que cada persona debería tener es levantarse cada mañana y chequear su nivel de fuerzas, sus energías, su motivación del día. Actualmente cada vez son más las personas que se levantan desmoronadas, sin ánimo, con depresión, sienten que no durmieron bien durante la noche, que no tienen ganas de nada, ni siquiera de sacar el pie para levantarse, pero deben hacerlo.

Hemos perdido el fuego interno, la capacidad de motivarnos a nosotros mismos y esperamos que algo de afuera nos haga recuperarlo. Dios nos anima por su Palabra: “¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor!” (Salmo 27:14 DDH)

Cuando estamos cansados o decepcionados, reaccionamos hacia los demás con enojo porque estamos agotados. Ante la falta de fuerzas, estamos débiles y no nos permitimos conectarnos con esa motivación interna, dada por el Espíritu Santo que mora dentro de nosotros.

AMADOS AMIGOS: El desgaste del hombre exterior es normal, que como seres humanos estamos expuestos a vivir todos los días, lo que nos lleva muchas veces a sentir que desmayamos. Sin embargo, es nuestro deber como hijos de Dios, buscar el rostro del Señor diariamente, aun cuando todo alrededor se ve difícil, debemos tener esa intimidad en oración, pues son los momentos más hermosos, porque es cuando el Señor nos toma para renovarnos internamente. Hoy reflexionemos lo escrito en el texto principal: “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”.

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

“Dios mira el corazón” significa que cuando Él elige a alguien no mira su altura, su belleza exterior, su fuerza física, su educación, su posición social, su facultad intelectual u otras cosas externas que los hombres miran cuando tienen que elegir a alguien para darle algunas tareas particulares y principalmente de servicio, sino más bien mira el corazón; es decir, ve sí su corazón es sincero, amable, honesto y bien dispuesto hacia Él.

El mundo y la iglesia en estos tiempos necesitan hombres y mujeres conforme al corazón de Dios, hay una gran necesidad de este tipo de hombres y mujeres hoy. Tenemos un mundo que necesita de amor, guía, ternura, esperanza, dirección,protección, seguridad, restauración, renovación y reedificación. Nuestro corazón es el lugar donde Dios quiere obrar el mayor de sus milagros y éste es el momento para abrirlo al Señor, con el propósito de ser un medio de ayuda para realizar esa transformación.

Dios fiel a su Palabra, proporciona a su pueblo hombres y mujeres con los dones necesarios para apacentar el rebaño de sus hijos y dice: “Y les daré pastores conforme a mi propio corazón, que los guiarán con conocimiento y entendimiento.” Ese tipo de hombres y mujeres se buscan con urgencia hoy en nuestras ciudades, en nuestros hogares, en los grupos cristianos.

AMADOS AMIGOS: Lo que realmente Dios mira es más de lo que los ojos pueden ver, ya que nuestros sentidos humanos pueden hacernos percibir la grandeza física de alguien o de algo, pero Dios es capaz de ver más allá la esencia, que son las intenciones del corazón, y las motivaciones del hombre. Porque el criterio de Dios es muy distinto al de nosotros, el Señor elige lo que aparece como pequeño y despreciable a los ojos de los hombres, porque Él ve el corazón, es decir, la realidad profunda de las cosas, lo que realmente ellas son; en cambio el hombre tiende rápidamente a dejarse llevar sólo por las apariencias. “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”. (1 Samuel 16:7

 

Mis amigos, las tentaciones no proceden de fuera nuestro -aunque afuera está aquello a lo que nos empuja la tentación-, es de dentro de nosotros mismos que procede la fuerza que nos impulsa a hacer cosas que no convienen o dejar de hacer aquello que nos tienta que hagamos. Esto aplica para todo ser humano: mujer, hombre, joven, niño, anciano, de cualquier religión. Nuestra naturaleza humana nos ubica en esa riesgosa situación. Las Escrituras lo dicen: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. (Santiago1:13,14)

Hay tentaciones que “nos encienden” y tentaciones que “nos apagan”. Sean estas activas o pasivas, ninguna de ellas pretende beneficiarnos. Las primeras nos impulsan a hacer algo malo, mientras que las segundas (las que no parecen existir) “sólo” pretenden que no hagamos lo que tenemos que hacer. Mientras unas procuran que hagamos lo que no conviene, las otras provocan que no hagamos lo bueno. Porque el cristiano peca al dejar de hacer lo bueno, tanto como peca al hacer lo malo, como dice la Palabra: “Y al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado”. (Santiago 4:17)

Necesitamos guardar nuestro corazón. Es curioso pero cada día aseguramos la puerta de nuestra casa para que no entre el ladrón, también le ponemos seguros especiales a nuestro auto para que no lo roben, y ponemos claves de protección a los accesos electrónicos para que nadie viole nuestra información pero...¡¿qué de nuestro corazón?! ¿Estamos protegiéndolo debidamente? Recordemos que “por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23)

Reflexionemos hoy cuán necesario es renovar nuestra forma de pensar. No debemos pensar como el mundo piensa, o caminar de la misma manera que él lo hace. Evitemos entrar por las veredas de los hombres sin temor de Dios, ni vayamos por el camino de los malos. En el inicio del mensaje se nos recuerda que: “no les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana... “

AMADOS AMIGOS: Dios nos conduce a hacer lo bueno y nos da Su FORTALEZA; es decir que nos otorga poder y nos permite ser vencedores ante la adversidad. Recordemos sus promesas, Él está con nosotros –por Él podemos transformar nuestras vidas- pero debemos aceptar con humildad que lo que ocurre en nuestras vidas es responsabilidad nuestra y de nadie más; si nos aferramos con fe, confiando en lo que Dios nos dice por Su Palabra, tendremos fortaleza para vencer las tentaciones. “Pues por cuanto El mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. (Hebreos 2:18)

QUE DIOS LOS BENDIGA