La reflexión de la semana

 

Cierto día me desperté a media noche, estaba muy oscuro todavía; salí de mi recámara para dirigirme a la cocina... la oscuridad de ese momento no me permitía caminar con seguridad a pesar de estar en mi propia casa, en un lugar conocido.

En esa oscuridad pude distinguir un pequeño haz de luz que entraba por una de las ventanas a través de las persianas, el cual me permitió ubicarme, ver el piso y caminar con seguridad y precaución para no tropezar con algún objeto, golpearme con algún mueble o incluso caer.

Este pasaje de Salmos habla que el Señor nos mostrará la senda de la vida. Hay ocasiones en nuestro diario vivir en que nos encontramos en medio de la oscuridad, envueltos en una confusión e incertidumbre sin saber qué hacer. Situaciones en las que difícilmente tenemos el discernimiento, lucidez, claridad y la calma para tomar decisiones, detectar una señal que nos indique dirección y el camino a seguir. Si no tenemos esa tranquilidad y discernimiento para ver la respuesta, aun teniéndola frente a nosotros no podremos verla, debido a la misma oscuridad y confusión que nos rodea.

Pero Dios es fiel a su palabra y responde en una forma que nos sorprende y nos hace estar conscientes de su amor. En otro Salmo dice:

“Señor, ¡cuán dichosos son aquellos a quienes corriges e instruyes en tu ley! En tiempos difíciles les das tranquilidad.” (Salmo 94:12 y 13b RVC)

Nuestra cercanía con Dios nos permitirá tener también su corrección, esa cercanía, esa comunión con El nos traerá descanso en esos momentos en que las aflicciones no nos dejan estar tranquilos.

En esos momentos Dios dará la respuesta, vendrá la dirección de parte suya para encontrar el camino a pesar de lo oscuro y lo dificultoso del panorama. Su Palabra es esa luz, Jesucristo mismo alentándonos, dándonos el ánimo y la fuerza para seguir. De nosotros dependeráseguir tal luz o ignorarla, de nosotros dependerá si confiamos en su Palabra o seguimos de largo, ignorándola y buscando otra... tal vez otro consejo que esté más “adoc” con lo que queremos escuchar, pero nuestra auto suficiencia nos puede llevar por el camino equivocado. Por otro lado, la falta de fe y confianza en Su consejo nos puede orillar a buscar otro tipo de consejo, lo cual traerá como consecuencia más confusión.

Dios es tan sorprendente y maravilloso que aun por las noches, durante el sueño, estando dormidos puede mostrarnos el camino, una respuesta y la solución.
Incluso la inquietud de orar, interceder por algún familiar o hermano en la fe que se encuentre en una situación apremiante, difícil. Indudablemente todo esto no es otra cosa que la presencia del Espíritu Santo ministrándonos en todo momento y en todo lugar, aun estando dormidos.

Si yo pongo mi confianza en Él, si verdaderamente estoy seguro y consciente de su presencia Él no me defrauda, porque me habla a través de su palabra, con su verdad aunque no lo pueda ver o escuchar en voz audible, tengo la seguridad que Él está conmigo... y yo a su lado.

Tendremos GOZO; esa alegría, esa dicha y placer intenso que aleja toda tristeza y desaliento. Gozo que transforma nuestro rostro, nuestra mirada y es el reflejo de su luz, la luz de su presencia.

“El corazón alegre hermosea el rostro” dice Proverbios 15:13b; sólo Dios puede lograr esa transformación ese cambio en todo nuestro ser. Él nos ha mostrado la senda de la vida en esta tierra, en medio de la oscuridad de este mundo en que vivimos, pero también la esperanza que cuando nuestros ojos se cierren para siempre contemplaremos el rostro de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pues nos gozaremos en su presencia

¡para siempre!

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

A través de la lectura del capitulo 28 de Job nos sorprende la capacidad creativa, intelectual y física que Dios le ha dado al hombre para habitar la tierra, gobernarla y vivir de sus frutos. El hombre ha podido llegar a lugares insospechados, lugares que jamás imaginó desde el momento mismo de su creación. Y que todavía en este siglo XXI sigue haciendo nuevos y sorprendentes descubrimientos.

Pero el progreso, los triunfos, los avances en la ciencia y la investigación han hecho al hombre soberbio, egoísta, autosuficiente. Esa autosuficiencia lo ha llevado a pretender compararse con Dios o ser igual a Dios, a tal grado que ya no reconoce sus orígenes ni a su Creador; poco a poco se ha olvidado del propósito de su existencia: Honrar y adorar a Dios.

El hombre ha dejado este principio de Dios. Sabe de dónde extraer metales muy valiosos y piedras preciosas. Sube, desciende, explora camino, llega a lugares donde ningún animal salvaje ha llegado. Sabe donde y como obtener los frutos de la tierra para que le den sustento físico y económico. Descubrió como “apartar” de la roca y del polvo el oro, la plata, las piedras preciosas y obtener lo mejor de la tierra.

Podemos tener doctorados, maestrías, títulos extraordinarios, buscar y obtener consejos de los más encumbrados pero no necesariamente tendremos la sabiduría, el entendimiento y mucho menos el temor de Dios; ese temor reverente, ese sentimiento de admiración y respeto hacia el Dios que nos “aparta” y quita toda la escoria que nos mantenía unidos, pegados al pecado.

Nuestra fidelidad y lealtad hacia Dios nos ayudará para rechazar esas tentadoras “ofertas” que el mundo perverso y corrompido ofrece, envueltas en atractivos regalos que deslumbran nuestros ojos y que se presentan en “charola de plata” para todos aquellos inexpertos que quieran tomarlas, sin importar edad, posición social, política, religiosa o económica.

Proverbios 14:33 nos dice que: “en el corazón de los sabios mora la sabiduría, pero los necios ni siquiera la conocen.” Dios nos confronta como lo hizo con Job, y surge la pregunta:

¿Sabe el hombre dónde encontrar la sabiduría? ¿Sabe dónde puede hallar la inteligencia? ¿Cómo hallarlos entonces?

La sabiduría tiene un principio, un inicio, que se desarrolla y va creciendo al ir conociendo a Dios a través de una relación íntima y personal con Él. Por tal motivo es importante buscar esa sabiduría no por medio de nuestros propios esfuerzos, sino buscarla en Dios y solo en Él. Sabiduría que nos ayuda a ver la vida como Dios la ve, pues Él es el Creador de la vida. Entendimiento para responder de una forma correcta a todos los problemas y circunstancias que se nos presentan en nuestro diario vivir.

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

Estamos viviendo tiempos muy difíciles, tiempos en los que la pérdida de valores, la falta de interés a las cosas de Dios, aunado a las adicciones, el aborto, el divorcio, y muchas otras cosas están llevando a las personas a un caos de confusión, en que, de manera egoísta, se engañan a sí mismos y pretenden engañar a los demás.

Afortunadamente este versículo es poderosísimo:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas... “todo fue creado por medio de él y para él”. A través de este texto, Dios quiere que aprendamos que fuimos creados por Él y no para nuestros propósitos, sino para los propósitos que Él tiene para nosotros y qué, así como el corazón humano da vida a los cuerpos, sus propósitos sean el corazón de nuestra existencia y que al vivir en esos propósitos podamos alcanzar la plenitud y realizarnos en todo lo que emprendamos.

Todo ha sido creado por medio de Él. Esto quiere decir que Dios creó todas las cosas por medio de Cristo. Todo lo que existe lo hace por Cristo, es decir, existe para mostrar la grandeza del Señor.

Nada, absolutamente nada en el universo existe por sí mismo. Todas las cosas, desde el fondo de los océanos hasta la cima de las montañas, desde la más minúscula de las partículas hasta la mayor de las estrellas; desde la asignatura escolar más aburrida hasta la más fascinante de las ciencias; desde la más horrible cucaracha hasta el ser humano más bello; todo lo que existe fue hecho para que la grandeza de Cristo sea más conocida, incluidos cada uno de nosotros y aún la persona que menos nos agrada.

AMADOS AMIGOS: Entendamos que los propósitos de Dios son un regalo de Él para nosotros, porque al vivir en ellos, podremos estar seguros que fuimos creados para Él. Hoy podemos tomar un tiempo y platicar con Dios y agradecerle lo que ha hecho y hace por nosotros; que ahora podemos entender que fuimos creados por Él y para Él, por tanto, pidamos al Señor que nos ayude a descubrir nuestro propósito en Él. “Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen”. (Colosenses 1:17)

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

El rostro de Dios es su semejanza, su reflejo. Y cuando Dios dice, “que busquemos su rostro y su poder,” sus palabras tienen implicaciones eternas. Su Palabra continuamente nos dice: “buscad al Señor y su poder; buscad siempre su rostro.” (Salmos 105:4) Dios nos enseña con insistencia “buscad al Señor y su poder; buscad siempre su rostro.” Tal repetición es porque el corazón de Dios desea que nos familiaricemos con Él, sobre todo en la oración, que es el diálogo de amor entre el Señor y nosotros.

AMIGOS: nuestra actitud ante Dios no debe ser pasiva, de resignación, de silencio, de adoración temerosa; debe ser de una búsqueda activa, de un trato amigable y amoroso con quien sabemos que nos ama, de un deseo grande por que desaparezcan los obstáculos o sombras de la fe, para que podamos ver cara a cara la gloria del Señor, y que le expresemos con una gran confianza:

“Haz resplandecer tu rostro sobre este tu siervo, ¡y sálvame por tu gran bondad!”.

Buscar al Señor significa buscar su presencia. “Presencia” es una traducción común de la palabra hebrea “rostro”. Literalmente, hemos de buscar Su rostro. Estar delante de su rostro es estar ante su presencia. Sin embargo, hay un sentido en el que la presencia de Dios no está con nosotros siempre, porque hay temporadas cuando nos volvemos negligentes para con Dios, no le damos ningún pensamiento, no le buscamos y no ponemos nuestra confianza en Él. Por esta razón, la Biblia repetidamente nos llama a “buscar su presencia continuamente”. Como lo dice nuestro texto: “busquemos al Señor y su poder; busquemos su rostro continuamente”.

 

QUE DIOS LOS BENDIGA

 

 

 

Los mandamientos del Señor no tienen fecha de caducidad. Lo que está escrito en Su Palabra ha sido, es y será válido. ¿Qué significa honrar a nuestros padres? Honrar significa respetar, tener en alta estima, amarlos tal como son. No importa si tenemos un año o cien, somos llamados a honrar a nuestros padres, a amarles y respetarles.

El versículo arriba citado no pone condiciones ni especifica excepciones. No dice: “honra a tus padres si son buenos y si te comprenden”. ¡No! ¡Nada de eso! Es un mandato a honrarles tal cual son y nuestra obediencia al mandamiento de Dios es lo que más debe importar.

Podemos honrar a nuestros padres con nuestro respeto y entendimiento, escuchando sus argumentos sin menospreciarles. Tal vez no estemos de acuerdo con ellos en algunas cosas, pero eso no nos da el derecho de decir frases como: “tú no sabes” o “no te metas en mi vida, ya soy mayor”.

Hace tiempo una persona me comentó que él no podía besar a su papá. Él lo veía mal y besarlo significaba que él no era un hombre. ¡Qué equivocada estaba esta persona! Ojalá todos comprendieran lo importante que es para ambos (tanto para el padre como para el hijo) la expresión de amor entre ellos.

Hay etapas en la vida donde dejamos de ser dependientes de nuestros padres o pensamos que ya no los necesitamos. El tiempo que pasamos con los amigos se vuelve más importante que el tiempo dedicado a estar con nuestros padres. La comunicación comienza a bloquearse y se torna muy difícil expresar lo que sentimos por ellos.

Sin embargo, es sumamente importante honrarlos aprendiendo a escuchar sus consejos y tratando de entender el por qué nos dicen las cosas que dicen. Posteriormente, al estar en oración con el Señor debemos evaluar y tomar decisiones de acuerdo a lo que Dios ponga en nuestro corazón.

Aprovechemos en estos tiempos para amarlos como Dios quiere; honrarlos con nuestra ayuda y compañía, sobre todo al llegar a la vejez. Podemos apartar un día a la semana para visitarlos, escribir o llamar por teléfono (si vivimos léjos) y ofrecer ayuda de acuerdo con nuestras posibilidades.

AMADOS AMIGOS, reflexionemos y esforcémonos en honrar a nuestros papás. Aún estamos a tiempo para hacerlo hoy, aquellos que aún los tenemos con vida; hacerlo nos permite agradar a Dios y recibir la promesa de su Palabra: “HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, -QUE ES EL PRIMER MANDAMIENTO CON PROMESA-; PARA QUE TE VAYA BIEN Y DISFRUTES DE UNA LARGA VIDA EN LA TIERRA”. (Efesios 6:2,3 NVI)

La decisión final pertenece a cada hijo e hija.

QUE DIOS LOS BENDIGA