La reflexión de la semana

 

Adán corrió; Eva al igual que él hizo lo mismo, ambos se escondieron, no querían ser vistos, ni ver ni escuchar la voz de Dios... y se escuchó la pregunta: “¿Donde estás... ?” Se escondieron -según ellos-, pero Dios los estaba observando, los tenía localizados a donde quiera que ellos fueran. Tal vez no se daban cuenta que al correr a esconderse estaban “rompiendo” toda comunicación con Dios y como consecuencia se alejaron de la bendición de estar en Su presencia. El mismo hombre “encontró” o “creó” la forma de hui  para encubrir el pecado y esconderse de Dios.

La versión de la Biblia Dios Habla Hoy dice: “AL QUE DISIMULA EL PECADO NO LE IRÁ BIEN”. Podemos disimular que todo está bien, que no pasa nada, pero la realidad es que sí pasa algo en nuestra vida y las consecuencias, el malestar, están a la vista causando estragos, “descomponiéndonos”, pero tratamos de disimular escondiendo lo que nos afecta y tal parece que todo se detiene. Esa condición nos mantiene estancados, aprisionados, bajo un yugo que nos impide actuar con absoluta libertad para tomar decisiones.

Dios en una u otra forma nos acorrala, nos cierra el cerco, hasta el punto en el que verdaderamente ya no hay salida. Buscamos evasivas, pretextos, buscamos culpables para salirnos por la “tangente” pero Su Palabra verdaderamente nos confronta. Solo nosotros (los hijos de Dios) podemos estar verdaderamente conscientes de lo que se siente estar incomunicado con Él por el pecado. A otros ni les va ni les viene, no les inquieta en lo más mínimo, pero a ti y a mi no nos gusta estar en dicha condición, lo que nos obliga a recapacitar y reaccionar. La parábola del hijo pródigo nos enseña que cuando el hijo menor “tocó fondo” reaccionó y dijo: “ME LEVANTARÉ E IRÉ A MI PADRE, Y LE DIRÉ...” (Lucas 15:18 RV60) arrepentido, decidió hablar sin ocultar o simular su situación.

Disimular, ocultar y no confesar mi pecado me puede llevar de más a menos. La provisión de Dios y sus bendiciones (no solamente materiales) están allí, representadas en Su amor y misericordia; tenemos la seguridad y confianza que se experimenta al sentirnos libres para acudir a Dios en todo momento. Poder superar ese estado de ánimo apagado y tedioso y de esta forma llevar a cabo nuestras responsabilidades, dejando fuera toda ansiedad para levantarnos con libertad y con una nueva vitalidad.

1 Juan.1:9 dice que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (RV60). Para confesar hay que estar muy cerca del confesor. El solo hecho de hablar, externar en voz audible nuestro pecado, traerá una descarga de presión impresionante. Pero confesar (hablar de mi pecado) ante un Dios Santo, Santo, Santo no es cualquier cosa, no se trata de una “fórmula” sencilla u operación matemática, es algo que requiere arrepentimiento, un corazón sincero, y Dios conociéndonos nos dice que lo hagamos para probar Su justicia, Su fidelidad, Su misericordia.

Hacerlo con la confianza y certeza que El nos responderá, nos hará sentir Su gracia y Su misericordia. Traerá salvación, sanidad, ligereza, libertad, será cómo quitarse una gran loza de encima, la carga que no nos permite agilidad para pensar. Con libertad y determinación hay que ponernos en movimiento para apartarnos de todo aquello que pueda tenernos cerca del peligro, ya no me puedo “meter” al pecado otra vez. Las cosas pequeñas por insignificantes que parezcan me pueden desviar, puedo perder el rumbo hasta tropezar y caer. Un gran amigo mío me dijo que para un alcohólico, comer un pequeño chocolate envinado o tomar un jarabe para la tos, podría significar una recaída y llevarlo a la muerte. Así son las pequeñas tentaciones.

Apartarse del pecado traerá el bien y la misericordia de Dios. Es tomar el rumbo correcto, el camino que me llevará a hacer el bien con determinación, hacer bien las cosas; todo lo que haga o emprenda me dará paz, además de entusiasmo para seguir adelante. Yo seré el primer beneficiado, seré el testigo del amor y misericordia de Dios.

“Yo deshice como a nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22 - RV60)

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

El escritor de este salmo nos habla de una forma estupenda lo que para él significaba estar en el templo, en la presencia de Dios, un lugar donde podía encontrarse con Él. Es una exclamación que nos permite dimensionar lo importante que era estar un solo día en la casa de Dios, comparándolo con la aflicción que es estar fuera durante mucho tiempo; confesión que sale de lo más profundo del ser, del corazón mismo deseando estar allí en ese excepcional lugar.

Los atrios del templo eran la entrada inicial al lugar donde los peregrinos después de un largo trayecto podían encontrar descanso y refugio además de tener comunión con Dios para expresar con palabras y cantos de alabanza y adoración toda su gratitud a Dios. A través de los años se han realizado muchas pinturas tratando de plasmar en esos cuadros cómo era ese lugar, el templo, los atrios, la ambientación; la imaginación de estos artistas ha logrado reflejar que verdaderamente era un lugar majestuoso, imponente. Con toda razón el salmista dice que para él era necesario e imperante estar allí, aunque fuera como simple cuidador de una puerta. Poéticamente expresa con cierta envidia el privilegio de las aves al poder entrar y salir libremente por esos atrios.

En nuestro diario vivir, al final del día, después de esas largas y tediosas sesiones de trabajo, donde las tareas por cumplir, reportes y resultados qué entregar nos quitan todo el ánimo, la inspiración y la fuerza, solo buscamos un refugio, una tregua, un descanso, como se busca un manantial de aguas cristalinas y tranquilas que nos proporcionen nuevamente el entusiasmo necesario para continuar. O por qué no decirlo, también cuando la carga es pesada, agobiante, ocasionada por la duda, la falta de fe y la culpa o por no haber hecho lo que Él nos dijo que hiciéramos.

Un solo día en sus atrios, cerca de nuestro Dios es mucho mejor que frecuentar esos lugares de perversión donde posiblemente se pueden tener todas las comodidades, lujos, excesos de todo tipo pero alejados completamente de todo lo que significa darle honor y gloria. Acerquémonos con humildad, con la imperiosa necesidad de sentir Su presencia dejando fuera toda actitud arrogante. Como resultado de esa intimidad con Él, nos mantendremos alejados de toda tentación. Los que hemos llegado a conocer al Señor como nuestro libertador y sustentador nos gozamos en su presencia, y es allí donde nos podemos sentir seguros, descansados, donde posiblemente podremos escucharle decir: “que bueno que estás aquí”.

Quiero compartir la letra de un canto que, al escucharlo me hizo estar consciente de lo que significa estar un solo día en sus atrios:

“Con mi fe te exaltaré / con mi amor te adoraré / solo contigo quiero estar / en Tu presencia, quiero estar / te amé, me viniste a rescatar / contigo quiero estar / te amé, me viniste a rescatar.”

 

Entremos a Su presencia con todo nuestro ser, teniendo la seguridad, gozo y confianza que nos encontraremos con Él, deseando ardientemente la compañía de Dios en el templo, en el santuario, en la congregación. Este salmo nos anima a todos aquellos que buscamos un lugar de refrigerio, de descanso, con ese profundo anhelo por la casa del Señor, de estar aunque sea como cuidador de esa puerta. 

 

Hoy más que nunca se hace necesaria, imperiosa, una exclamación así; verdaderamente necesitamos esa bendición en una forma desesperada. Nuestro clamor debe subir ante la presencia de Dios.

Los tiempos son difíciles, hay infinidad de retos para toda la humanidad en todos los niveles, pero principalmente para todos nosotros los que nos decimos cristianos, los que hablamos del amor, misericordia y la compasión en este mundo que cada vez es más trivial, frívolo e insensible.

La era presente del mal esta propagándose a toda velocidad en este mundo que está de cabeza; las nuevas ideologías, modas, doctrinas sospechosas, las redes sociales con materiales de toda clase con una capacidad inimaginable de persuasión donde las noticias y acontecimientos cambian en un instante (en un abrir y cerrar de ojos), influyendo notablemente a favor de todos aquellos que se oponen, que se resisten a la verdad y la distorsionan.

Los medios de comunicación nos han “adormecido” o hecho “inmunes” a la dimensión, trascendencia y las consecuencias que provocan estos acontecimientos. Estamos viendo hechos violentos que están provocando temor y desconfianza aun en las naciones donde la estabilidad social, política y económica era uno de sus privilegios. Lo más doloroso es que mucha gente inocente está sufriendo sin deberla ni temerla, gente que simplemente estuvo allí “por accidente” o casualidad y que nada tenían que ver con las diferencias ideológicas, políticas y hasta religiosas de otras personas.

¡Dios mío , Ten misericordia de nosotros y bendícenos!

El Señor tenga misericordia (Definición del diccionario: sentimiento de compasión por los sufrimientos ajenos. Sentimiento de pena por los que sufren, que impulsa a ayudarles o perdonarles.)

Esa misericordia que solo viene de Él y de nadie más; nosotros -usted y yo- hemos recibido de gracia esa misericordia.

De muchas formas, maneras y demás hemos atentado en contra de Su creación, tal parece que el hombre está empeñando en hacer su propia “creación”. Con todo ese conocimiento, inteligencia y capacidad creativa que 

 

A veces nos podemos sentir tan solos y sin fuerzas, y tan cansados por las angustias y las pruebas que nos llegan en esta vida, que pensamos que ya no podemos más, y no sabemos qué hacer. Y cuando ya no nos queda nada de fuerzas, debemos recurrir a aquel que es nuestra esperanza, el único que puede ayudarnos, quien es nuestra Fortaleza y Escudo. Él es Jesucristo, nuestro héroe en la guerra. Como dice una Escritura; “los jóvenes se cansan, se fatigan, los valientes tropiezan y vacilan, mientras que a los que esperan en el Señor, tendrán nuevas fuerzas, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse.” (Isaías 40:30)

Dios es nuestra Fortaleza y nuestro Escudo; Él nos da poder y fuerza, y aunque parezca que el mundo se nos viene encima, tenemos al Todopoderoso de nuestro lado, y nada ni nadie tiene la última palabra de lo que nos sucederá, sino solo Dios.

Tengamos presente que, mientras nosotros nos esforzamos en hacer cosas buenas, o en vivir una vida agradable delante de los ojos de Dios, nos vendrán dificultades. Sin embargo, perseveremos, mantengamos nuestra vista, en Aquel que es nuestra Fortaleza y Escudo, porque vamos a ver los frutos de nuestros esfuerzos. Sigamos orando, leyendo la Palabra, sirviendo, trabajando, luchando, ayudando, y esperando. “Confiad en el Señor perpetuamente, porque en Dios el Señor está la fortaleza de los siglos”. (Isaías 26:4)

AMADOS AMIGOS: Si deseamos que Dios nos favorezca, recordemos que la fuerza eficaz de Dios transformará nuestras vidas si somos humildes, confiamos en Él y buscamos vivir en su amor y gracia. Debemos animarnos y fortalecernos cada día en Dios, abramos las puertas de nuestro corazón al Señor para que obre poderosamente en nosotros. No importa la situación. Gocémonos
y alegremos de lo que hace Él por nosotros. Recordemos lo que dice su Palabra:
“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré”.

QUE DIOS LOS BENDIGA 

 

Nosotros queremos disfrutar la vida, de hecho, Dios nos hizo para disfrutarla; disfrutar Su creación, la familia y el trabajo, todo lo hizo Dios. A pesar de ello, muchos viven en el estado de la queja, viviendo sin querer queriendo una vida mediocre, una vida aburrida o un matrimonio de segunda. Todos soñamos con una vida mejor, con una vida de primera, desde niños estamos soñando, llegamos
a la universidad y estamos soñando, nos casamos y estamos soñando con una vida excelente, pero ¿por qué soñamos?

La verdad es que Dios nos ha creado a Su imagen y semejanza, así que Él tiene sueños para nosotros. Los sueños que Dios tiene de nosotros son de bienestar y lo afirma su Palabra: “porque yo sé los planes que tengo para ustedes” —declara el SEÑOR— “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza”. Él desea que tengamos éxito y la mayoría no estamos experimentando dicho éxito tal vez porque estamos viviendo... como fracasados. Es posible que esto ocurra porque muchos han sido golpeados por las realidades de la vida y están paralizados con los sueños destrozados y tienen miedo de volver a soñar.

Sin embargo, todo esto es el resultado de no conocer cuán importante es vivir en la presencia de Dios. Hay beneficios maravillosos en el simple hecho de pasar tiempo con Dios. Aunque cierto es que la presencia de Dios está todo el tiempo con nosotros, pero no la reconocemos siempre y a veces no tomamos el tiempo para estar conscientes de ella.

Parece que hoy en día, hay una gran falta de contentamiento, no solamente en el mundo secular, sino también en aquellos creyentes que conocen a Dios. Muchas personas pasan su vida, tratando de conseguir cosas, siendo que no hay nada que los mantenga satisfechos, excepto Dios mismo. Cuando alguien no está satisfecho interiormente, casi siempre busca algo exterior para satisfacer
su hambre o deseo personal, y termina en una búsqueda inútil que no puede llenar ese vacío que tiene por dentro. 

AMADOS AMIGOS: El Señor nos enseña hoy la SENDA DE LA VIDA; Él nos creó con el sello de un ganador, alguien único y especial. Así que, perseveremos en vivir en Su presencia. En Él se encuentra el camino de la vida, la plenitud del gozo y la felicidad eterna. Dios desea apasionadamente tener intimidad con nosotros. El solo hecho de experimentar su presencia, su gozo, su plenitud, su amor, es suficiente recompensa. No necesitamos lo que Dios pueda darnos, lo necesitamos a Él únicamente. Finalizamos con nuestra reflexión como empezamos: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. QUE DIOS LOS BENDIGA