Tu Palabra, mi plenitud. Semana_44

 

 

“El que busca, encuentra” dice un dicho popular. ¿Qué se puede buscar? o ¿qué nos obliga a buscar con empeño, tenacidad, con perseverancia? Buscamos algo que se nos perdió y que es verdaderamente importante encontrar.

“Señor tu sabes lo que me sucede, por favor, ayúdame...” (Jeremías 15:15 - NTV) El profeta se expresaba de esta forma; era una oración, una súplica que denotaba la urgencia de ser contestada.

En algunos casos hemos tenido situaciones en nuestra vida que nos han obligado a suplicarle a Dios de esta manera, la necesidad imperante de encontrar esa ayuda. “Que Dios nos ayude” exclaman algunos, más cuando estamos “bloqueados” y no sabemos ni cómo ni por dónde. Buscamos quien o con quién, buscamos una respuesta que solucione, buscamos de muchas formas. Buscamos, buscamos y buscamos porque queremos una pronta ayuda. Por lo angustioso, apremiante y confuso del momento no sabemos qué hacer y así empieza una búsqueda de algo que nos de paz, seguridad y la confianza que todo saldrá bien.

A Jeremías le resultaba muy difícil ser testigo de grandes calamidades, desgracias y dolor entre sus hermanos (la gente de su pueblo) y él se preguntaba acerca de lo que estaba no sólo viendo, sino viviendo. ¿CÓMO? Cómo era posible que ese pueblo glorioso y fuerte, que había sido esplendorosamente grande, ahora estaba en decadencia a punto de perder todo y caer en cautiverio ¿La causa? la maldad, la infidelidad y la desobediencia a Dios.

Dios le responde a Jeremías y le dice qué es lo que deben hacer para salir de tal desesperación y de ese estado angustioso en el cual se encontraban. Así como nos dice el libro de Jeremías, Dios nos responde aún en esos momentos de confusión ocasionados por la maldad, o por nuestra desobediencia en la que de alguna forma hemos estado empeñados, empecinados en seguir nuestros propios caminos, o seguir cometiendo el mismo error vez tras vez. Sin embargo la fidelidad y el amor de Dios es infinito, invaluable, incomprensible; nos habla, nos responde pero también nos confronta en amor con su Palabra, ¡qué enorme bendición! La única condición o requisito es el arrepentimiento, dar un giro de 180 grados y si hay arrepentimiento sincero, habrá restauración.

Hablemos sinceramente con la verdad, sin ocultar nada, abriendo nuestro corazón delante de Él; consultándolo, acudiendo en oración para pedir su guía, ayuda, y dirección a través de su Palabra. Callemos cuando sea necesario, evitemos los chismes y murmuraciones para no dejarse contaminar. “Esto responde el Señor: Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras despreciables, serás mi vocero. Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!” (Jeremías 15:19 - NTV) Que nuestro testimonio de lealtad, obediencia y fidelidad a Dios hable más que las palabras.

La palabra está tipificada como alimento en este versículo y verdaderamente eso es; un alimento espiritual que nos fortalece, nos da claridad de pensamiento, abre los ojos de nuestro entendimiento y nos da la fuerza y el ánimo para ponernos en acción, y tomar decisiones. El “encontrarnos” en su Palabra, el darnos cuenta y estar conscientes de que estamos presentes en ella, para ser animados (y por que no, confrontados) produce gozo, genera confianza y da seguridad; requiere también de esa tenacidad en buscar a Dios, ser tenaz se aplica a la persona que no desiste con facilidad de sus convicciones y propósitos. Habrá una inmensa satisfacción por haber hecho nuestra parte, -lo posible-. Lo imposible lo hará Dios a nuestro favor. Buscar a Dios en todo tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia, por grande o pequeña que esta sea.

Su palabra será como luz, dando dirección, dándonos fuerza, y el ánimo necesario para continuar. “Al encontrarme con tus palabras las devoré, me las comí, fueron una delicia, y por lo tanto me alegré y todo esto alegró también mi corazón...” Así como a Jeremías le tocó ver y vivir una etapa muy difícil, así también a nosotros nos pueden llegar esos momentos de oscuridad y confusión, pero Dios a través de su Palabra, traerá dirección, consuelo, gozo y paz. ¡Solamente en Dios, enÉlyennadiemásqueenÉlyensuPalabra,
nuestro corazón se alegrará!

¡DIOS LES BENDIGA!